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Reuniones reservadas y el respaldo a la negociación, la vuelta de Cristina Kirchner a la Casa Rosada tras 265 días

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Cristina Kirchner, una de las protagonistas del anuncio de la reestructuración de la deuda, tardó 265 días en volver a pisar la Casa Rosada. La vicepresidenta, que llegó a la Casa Rosada antes que el presidente Alberto Fernández, ingresó por el Salón de los Bustos y se fue derecho al despacho del ministro del Interior, Eduardo «Wado» De Pedro.

Ahí esperó hasta la hora del acto junto con el ministro y su hijo Máximo Kirchner. También estuvieron el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. El Presidente se sumó un rato antes de bajar al Museo de la Casa Rosada. Los 16 gobernadores restantes, en tanto, se fueron amontonando a medida que llegaba a la Casa de Gobierno detrás del escenario.

Sin hablar y casi sin contacto con el resto de los invitados, así estuvo la expresidenta que siguió atentamente las palabras de Martín Guzmán, uno de los pocos funcionarios del gabinete nacional con quien tiene línea directa. Asintió en varios pasajes de la presentación del titular de Hacienda y no aplaudió a nadie. La última vez en la Casa Rosada había sido el 10 de diciembre, cuando participó de las celebraciones tras el triunfo electoral.

Después del acto, fue la primera en retirarse. Cristina Kirchner agitó su mano derecha y ensayó una breve sonrisa mientras era escoltada de nuevo al despacho de De Pedro. Ahí, hubo un segundo cónclave, esta vez más reducido. La expresidenta estuvo reunida con el ministro anfitrión, Máximo Kirchner y Kicillof durante casi una hora y media. Como sucedió en la previa, el Presidente solo estuvo un rato.

¿De qué hablaron? «Analizaron la situación y sobre todo lo que viene para el país y el horizonte que se abrió con el acuerdo», dijeron fuentes oficiales.

El resto de los invitados se mezclaron antes y después de la presentación. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, dialogó un rato largo con el tucumano Juan Manzur. También intercambió unas palabras con Máximo Kirchner y se saludó afectuosamente con Axel Kicillof.

En medio de la tensión con la Ciudad de Buenos Aires, el Presidente le hizo un guiño durante su discurso. Aclaró que la descripción que realizó sobre las diferencias que hay en la Ciudad de Buenos Aires y el resto de las provincias «no tiene nada que ver con el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, es la forma en que se ha construido la Argentina durante más de 2100 años, un país profundamente injusto que ha visto concentrar toda la riqueza entorno al puerto de Buenos Aires». Después del acto, el jefe del Estado fue a buscar a Larreta para saludarlo.

También hubo una charla entre otros adversarios como la senadora Anabel Fernández Sagasti y el gobernador de Mendoza, Rodolfo Suárez. El neuquino Omar Gutiérrez fue uno de los que más circuló y charló animadamente con varios de sus colegas. Su contraparte fue el chubutense Mariano Arcioni, que casi no levantó su vista del teléfono.