La oferta a la ‘isla rebelde’ es prosperidad y estabilidad a cambio de soberanía bajo el conocido modelo de «un país, dos sistemas»
China ha encontrado en la geopolítica de la energía una palanca adicional para avanzar en uno de sus objetivos estratégicos más sensibles: la «reunificación» con Taiwan. La actual crisis energética desencadenada por la guerra en Oriente Próximo, ha ofrecido a Pekín una oportunidad para reformular su discurso hacia la isla: menos énfasis retórico en la identidad nacional compartida y más pragmatismo en torno a la seguridad del suministro.
Pero en Taiwan, donde se ha consolidado una democracia con alternancia política y una identidad cada vez más diferenciada del continente, esa promesa suena hueca. La evolución de Hong Kong, donde el régimen chino ha barrido con una ley de seguridad nacional las libertades políticas, ha erosionado gravemente la credibilidad de ese esquema. Para muchos taiwaneses, aceptar la oferta equivaldría no a preservar su sistema, sino a iniciar un proceso gradual de absorción.
































