Donald Trump lanzó en Davos su flamante “Consejo de la Paz” en una ceremonia con países “fundadores” —entre ellos, la Argentina de Milei— pero sin explicar en detalle cómo funcionará ni qué herramientas tendrá para intervenir en conflictos. El proyecto, que según el artículo empezó pensando en Gaza y luego se amplió a otros focos globales, quedó rodeado de dudas por su composición y por la ausencia de grandes potencias.
El borrador del estatuto mencionado por LA NACION indica mandatos de tres años para los miembros, con la posibilidad de “membresía permanente” a cambio de un aporte de US$ 1000 millones. La Casa Blanca, además, designó una “junta ejecutiva” con Marco Rubio, Steve Witkoff, Tony Blair y Jared Kushner. En el listado de países que aceptaron aparecen aliados de Medio Oriente (como Israel, Arabia Saudita, Emiratos, Qatar y Egipto) y también Turquía y Hungría, entre otros; incluso se menciona la aceptación de Alexander Lukashenko (Bielorrusia).
En paralelo, varios gobiernos europeos marcaron distancia: Noruega, Suecia y Eslovenia rechazaron la invitación; el Reino Unido también dijo que no se suma; y Francia, según una fuente citada, planea declinar, lo que derivó en una amenaza de Trump de imponer aranceles del 200% a vinos y champagnes franceses si París no entra. Italia quedó en una zona gris, con objeciones internas. Y aunque el Consejo de Seguridad de la ONU habría autorizado un marco acotado a Gaza hasta 2027 (según la nota), la autoridad real del organismo fuera de ese escenario aparece, por ahora, difusa.































