La tensión en torno a este paso estratégico se dejó notar en los mercados tras dos días de bombardeos. En la tarde del lunes, Teherán anunció su cierre con una advertencia explícita: “Si alguien trata de pasar, la Guardia Revolucionaria abrirá fuego contra los barcos”.
Una quinta parte del crudo mundial transita por este punto, casi todo con destino a Asia. El 14% del petróleo que importa la UE procede de esta zona.
Ante un cierre completo, exportar se convierte en imposible para la mayoría de países de la región: Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait. Y Arabia Saudí, el mayor vendedor de crudo del planeta, tiene que buscar una alternativa, y sacar el crudo por el oleoducto Este-Oeste, construido a principios de los años ochenta. Eso reduce su capacidad a la mitad, de los 10 millones de barriles habituales a cinco.
El estrecho es una arteria esencial para la distribución global de crudo. Por sus aguas transitan a diario unos 14,5 millones de barriles de petróleo, en su mayoría con destino a Asia. China es uno de los grandes perjudicados por el cierre: en 2025 ha recibido el 25% de la producción de los países de la zona. India, Japón y Corea del Sur figuran también entre los principales compradores del petróleo que sale de esta área.
El cierre de tráfico supone una enorme sacudida también para el mercado del gas, la mayor desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. El suministro de gas licuado desde los países de Oriente Próximo tiene, como el petróleo, un destino mayoritariamente asiático: de nuevo, China es el principal destino.
































