Emiratos Árabes Unidos anunció que en mayo abandonará la OPEP, tras casi 60 años de pertenencia al cartel petrolero. La decisión busca darle mayor flexibilidad para aumentar su producción de crudo, luego de fuertes inversiones destinadas a ampliar su capacidad extractiva. Hasta ahora, las cuotas de la organización limitaban su producción a entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios, pese a que Abu Dabi aspira a llegar a unos 5 millones.
La salida representa un golpe político y económico para la OPEP y, en especial, para Arabia Saudita, que deberá cargar con un mayor peso para sostener la cohesión interna del grupo. Emiratos era uno de los miembros más disciplinados y contaba con una de las mayores capacidades excedentarias de producción, por lo que su retiro podría debilitar la capacidad del cartel para ordenar el mercado. Analistas advierten que, si otros países siguen el mismo camino o si Arabia Saudita responde con una guerra de precios, el impacto podría ser profundo.
El movimiento ocurre en medio de la tensión en Oriente Medio, la guerra con Irán y las restricciones al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, factores que ya presionan los precios de la energía. Aunque la salida emiratí no tendrá efectos inmediatos por los bloqueos actuales, podría cambiar el escenario a mediano plazo si el país logra ampliar sus oleoductos hacia Fujairah y colocar más petróleo en el mercado sin las restricciones de la OPEP. En un mundo que avanza lentamente hacia la electrificación y una menor dependencia del crudo, Emiratos parece decidido a monetizar sus reservas antes de que la demanda global empiece a estabilizarse o caer.
































