Un día después de la operación militar con la que Estados Unidos detuvo a Nicolás Maduro y lo sacó del poder, la administración de Donald Trump dejó entrever que podría aceptar una transición encabezada por Delcy Rodríguez —validada como “presidenta interina” por el Tribunal Supremo venezolano— siempre que el chavismo adopte decisiones alineadas con los objetivos de la Casa Blanca. El secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvo que Washington evaluará a la nueva conducción “por lo que haga” y advirtió que, si no hay cambios, se mantendrán las herramientas de presión.
En esa línea, Rubio señaló que todavía es “prematuro” hablar de elecciones y que la prioridad de su gobierno pasa por la seguridad y los intereses estadounidenses. Como parte del esquema de tutela, afirmó que seguirá una “cuarentena” militar sobre las exportaciones petroleras venezolanas y que la flexibilización dependerá, entre otras condiciones, de una apertura del sector a inversión extranjera y de medidas vinculadas a narcotráfico y presencia de actores como Irán y Hezbollah. Trump, por su parte, endureció el mensaje y lanzó advertencias directas a Rodríguez en caso de que no “haga lo correcto”.
Horas después, Rodríguez respondió con un mensaje en redes en el que pidió diálogo, reclamó respeto por la soberanía y dijo buscar una agenda de cooperación basada en la legalidad internacional y la “vocación de paz”. En paralelo, según la misma cobertura, Maduro deberá presentarse ante la justicia estadounidense en Nueva York, mientras varios gobiernos de la región y España expresaron rechazo a la acción unilateral de Washington en Venezuela.

































