Una ráfaga de disparos y detonaciones alteró la noche del lunes 5 de enero en el centro de Caracas, en las inmediaciones del Palacio de Miraflores. Los reportes empezaron alrededor de las 20 (hora local) y se multiplicaron con videos en redes donde se ven fogonazos y se oyen tiros, en medio de confusión sobre qué estaba ocurriendo en la zona.
Con el correr de las horas, el gobierno venezolano sostuvo que no se trató de un enfrentamiento: afirmó que drones habrían sobrevolado el área sin autorización y que la policía respondió con disparos “disuasivos”, asegurando que la situación quedó “bajo control” y que el país estaba “en tranquilidad”. Desde Washington, la Casa Blanca indicó que monitoreaba lo sucedido y negó participación estadounidense.
El episodio se dio en un clima político extremadamente sensible, con refuerzo de seguridad en torno al palacio y tensión creciente tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, además de movimientos institucionales en Caracas, como la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina.



































