Estados Unidos avanza en el refuerzo de su influencia en Groenlandia, mediante una estrategia que combina inversiones, diplomacia, presencia militar y el impulso de iniciativas de tecnobillonarios. El objetivo es convertir la isla ártica en un «proyecto transatlántico» que asegure su control.
Esta expansión se observa en diversas esferas, que van desde propuestas de compañías vinculadas al entorno de presidente Donald Trump para la exploración petrolera, hasta negociaciones con Dinamarca para establecer tres nuevas bases militares en la isla. La visión de algunos tecnobillonarios contempla incluso la creación de una «ciudad libre» autónoma y con energía nuclear en Groenlandia.
Expertos daneses y estadounidenses advierten que este proceso podría derivar en un dominio efectivo y neocolonial por parte de Estados Unidos, sin necesidad de una anexión formal. El think tank conservador Heritage Foundation, influyente en Washington, propone la isla como una «Greenland Corporation» para frenar la expansión china y beneficiar a EE.UU., Dinamarca y la UE, descartando la necesidad de anexión formal.
Billy Adamsen, investigador de la Universidad de Copenhague, ha señalado que Washington consolida su dominio de manera discreta pero constante. Para Paul McCarthy, investigador de la Heritage Foundation, el futuro de la isla se debe desarrollar bajo términos que decida Washington, con el fin de que se convierta en un «proyecto transatlántico occidental» y no chino, a través de inversiones y desarrollo económico. McCarthy ha enfatizado la urgencia de establecer asociaciones entre gobiernos y capital privado para invertir a largo plazo.




























