Bulgaria dio este 1° de enero de 2026 un paso histórico: dejó atrás la leva y pasó a utilizar el euro, convirtiéndose en el 21° país en integrar la moneda común. Para el gobierno, la medida consolida el anclaje europeo del país y busca reforzar la confianza externa en una economía que, pese a los avances, sigue siendo la de menor ingreso relativo dentro de la Unión Europea.
En la práctica, el cambio apunta a simplificar transacciones y reducir costos: se elimina el riesgo cambiario con los socios del bloque y se abaratan operaciones para comercio, turismo y finanzas. La transición incluye un período de convivencia y conversión automática de cuentas bancarias, con un tipo de cambio fijado para pasar de leva a euro, mientras los comercios muestran precios en ambas monedas para evitar confusiones.
Pero el debut del euro llega con un clima social dividido. Una parte importante de la población teme que el redondeo de precios acelere la inflación o golpee más fuerte a los ingresos bajos, y grupos nacionalistas y prorrusos empujaron esa preocupación como argumento contra la pérdida de “soberanía” monetaria. Aun así, economistas señalan que el impacto podría ser acotado porque la leva llevaba años ligada al euro, y que la apuesta central es política: profundizar la integración con la UE en un país atravesado por inestabilidad y desconfianza institucional.


































