Organizaciones internacionales y Estados Unidos han manifestado su preocupación ante las recientes declaraciones del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, sobre la exclusión de partidos de oposición en futuras elecciones. Ortega anunció que no volverá a haber comicios con la participación de estos partidos, a los que acusa de estar «puestos por los yanquis».
Este anuncio generó una inmediata reacción global. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, advirtió al gobierno de Ortega que la comunidad internacional y el presidente Donald Trump «no se quedarán de brazos cruzados» ante lo que calificó como una profundización de la represión y una fabricación de inestabilidad que podría amenazar la seguridad nacional estadounidense. Rubio también afirmó, a través de la red social X, que la suspensión de elecciones «demuestra su cobardía y miedo a la voluntad del pueblo nicaragüense».
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) también han expresado su rechazo a la medida propuesta. El control de la agenda política en Nicaragua por parte de Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, ha sido un tema recurrente de crítica por parte de diversos actores internacionales.
Estas advertencias se dan en un contexto en el que se espera que el Congreso nicaragüense vote en agosto una reforma electoral que, por orden de Ortega, excluiría a los opositores de las elecciones, lo que intensifica la tensión política en el país centroamericano.




























