Las autoridades iraníes han indicado la inminencia de un aumento en el precio de la gasolina a nivel nacional. Esta medida se enmarca en un contexto de escasez y de presiones económicas exacerbadas por la reciente escalada bélica en la región. Actualmente, el combustible en Irán figura entre los más baratos a nivel global, una situación impulsada por significativos subsidios estatales.
La decisión de revisar los precios responde a una evaluación gubernamental que considera insostenible el actual esquema de subvenciones. Desde Teherán se argumenta que el mantenimiento de estos subsidios representa una carga financiera considerable para el Estado, que busca reajustar su política económica frente a los desafíos actuales.






























