La pulseada por Groenlandia volvió a calentarse después de que Donald Trump insistiera en que Estados Unidos “necesita” controlar la isla por razones de seguridad nacional, en la previa de una reunión clave en la Casa Blanca con autoridades danesas. Tras el encuentro, el canciller de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, admitió que sigue habiendo un “desacuerdo fundamental” con Washington, aunque dejaron abierta la vía diplomática: anunciaron un grupo de trabajo de alto nivel para explorar una salida que contemple las preocupaciones de EE.UU. sin tocar la integridad territorial del reino danés ni la autodeterminación groenlandesa.
En paralelo, la tensión empujó reacciones defensivas en Europa. Dinamarca informó que reforzará desde ahora su presencia militar y que buscará más ejercicios y participación de la OTAN en el Ártico, mientras Francia, Alemania y Suecia anunciaron despliegues y apoyo a una misión en la isla; París, además, confirmó la apertura de un consulado en febrero. El tema también saltó al Congreso estadounidense, donde apareció un proyecto bipartidista para limitar el uso de fondos federales ante cualquier intento de anexión o control de territorios de aliados sin consentimiento explícito.

































