Arabia Saudita, en una acción coordinada con Estados Unidos, ha intervenido en el conflicto regional tras la guerra en Irán, lanzando ataques aéreos en Irak. Los bombardeos tuvieron como objetivo milicias proiraníes, a las que Riad acusa de haber perpetrado ataques con drones contra sus instalaciones petroleras. Este accionar causó la muerte de 20 militantes e hirió a otros 30, todos miembros de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF), una organización que agrupa a formaciones armadas integradas en el aparato estatal iraquí e incluye milicias afines a Irán.
Este ataque militar se presenta como una escalada significativa de las tensiones en Oriente Próximo, con un cerco persistente en el Estrecho de Ormuz y sin un cese del conflicto entre Estados Unidos e Irán. El gobierno saudí justificó la acción como «autodefensa», desestimando los ataques con drones de las milicias proiraníes en un momento de intensificación de la diplomacia regional para retomar las negociaciones de paz.
En respuesta, Irán condenó los ataques, calificándolos de «grave violación» del derecho internacional y acusando a Estados Unidos de buscar la «extensión de la guerra en Oriente Próximo». Horas antes de los bombardeos, el régimen iraní lanzó misiles contra una base aérea estadounidense en Jordania y contra tres buques cisterna que intentaban cruzar el Estrecho de Ormuz. Respecto al ataque en Jordania, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en declaraciones a Fox News que Teherán «recibirá una paliza», si bien dos días antes había mencionado negociaciones «muy amistosas» sobre Ormuz.





























