El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y su homólogo chino, Xi Jinping, mantuvieron una conversación el domingo 26, acordando acelerar las negociaciones para un tratado comercial entre el Mercosur y China con las «flexibilidades necesarias». Este giro en la política brasileña marca una significativa divergencia de la postura adoptada en la última década, periodo durante el cual la diplomacia del país se enfocó en obstaculizar un acuerdo de esta índole.
La iniciativa de buscar un acuerdo con China había sido impulsada fuertemente por el expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou, quien encargó un estudio de viabilidad en 2021. Lacalle Pou argumentaba que el proteccionismo del Mercosur asfixiaba el potencial de apertura comercial de Uruguay, señalando que el bloque presenta el menor índice de comercio exterior respecto a su PIB a nivel global. En contraste, hasta hace poco, Brasilia y Buenos Aires veían esta iniciativa como una amenaza a la cohesión del Mercosur, respaldándose en el Tratado de Asunción, que exige negociaciones conjuntas con terceros países.
El actual presidente uruguayo, Yamandú Orsi, reanudó las discusiones en febrero, viajando a Beijing con una delegación de 150 personas y firmando una declaración conjunta que abogaba por el inicio inmediato de las negociaciones. Esta renovada apertura por parte de Brasil se produce tan solo cinco meses y dos rondas de aranceles estadounidenses después, lo que sugiere una respuesta estratégica a las medidas comerciales de Washington. La diversificación de socios comerciales, si bien busca contrarrestar el impacto de los aranceles, podría generar disputas internas por salvaguardias en sectores como el acero, textil y automotriz. Esta situación, además, posiciona a Beijing en una situación favorable, demostrando que la presión estadounidense puede empujar a sus socios hacia otras alianzas.





























