La reciente escalada de conflictos en la región del Mar Rojo ha generado un fuerte incremento en el precio del petróleo, alcanzando niveles no vistos desde períodos de intensos conflictos bélicos. La toma de la ciudad yemení de Mocha por parte de milicias hutíes ha puesto bajo amenaza el estrecho de Bab el-Mandeb, un paso crucial por el que transita el 7% del petróleo mundial. Esta situación se agrava al ser la principal ruta de exportación de crudo que le queda a Arabia Saudí, tras el cierre o intento de cierre del estrecho de Ormuz.
Simultáneamente, la producción de petróleo de Arabia Saudí experimentó una drástica caída del 23,5% en agosto, alcanzando su nivel más bajo desde 1990, según reportes a la OPEP. Esta disminución se atribuye a los ataques en el Golfo Pérsico, la Provincia Oriental y el Mar Rojo, que han afectado la capacidad exportadora del reino. Estos eventos, sumados a informes sobre ataques a bases militares en Jordania, intensifican la preocupación sobre la capacidad militar en la región y su impacto en la estabilidad del suministro energético global.
Analistas de HSBC no descartan que el barril de crudo pueda llegar a los 120 dólares en 2027 si los conflictos se extienden a la infraestructura de transporte y logística del petróleo. La subida del precio del crudo se perfila como una amenaza significativa para las economías desarrolladas, en un contexto de elevada tensión en los mercados de deuda pública. En Estados Unidos, los precios de la gasolina y el gasoil ya han alcanzado máximos históricos nominales, encareciendo el transporte y, consecuentemente, los bienes de primera necesidad, lo que podría avivar la inflación a nivel global.





























