Con más del 72% de los votos escrutados en las elecciones parlamentarias de Israel, el bloque conservador encabezado por el primer ministro Benjamín Netanyahu alcanza 54 bancas, ubicándose a siete escaños de los 61 necesarios para la mayoría absoluta en la Knéset. El partido Likud se mantiene al frente como la fuerza individual más votada con 27 diputados, mientras que el principal bloque opositor, liderado por Gadi Eisenkot al frente de Yashar, reúne 48 lugares.
El resultado parcial posiciona a las fuerzas árabes israelíes —la Lista Conjunta y Ra’am— en un rol determinante tras cosechar 18 bancas conjuntas. No obstante, Netanyahu rechazó tajantemente cualquier acercamiento o acuerdo con estos sectores. En la vereda opuesta, el dirigente de la coalición progresista Los Demócratas, Yair Golán, reclamó a los líderes opositores superar divisiones y articular un entendimiento con las listas árabes para desplazar al actual primer ministro, iniciativa que hasta el momento encuentra reparos en Eisenkot, partidario de una administración exclusivamente de perfil sionista.
Donald Trump se atribuyó en sus redes sociales el mérito de haber evitado lo que calificó como una «derrota contundente» de Netanyahu, asegurando que su respaldo público fue el factor que impulsó la remontada del Likud. En tanto, desde Europa, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, subrayó que París mantendrá inalterable su respaldo a la solución de dos Estados con independencia del desenlace final de los comicios, a la vez que destacó el peso electoral histórico alcanzado por los partidos árabes.

































